Zona Este 30 Enero 2012
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INTIMIDAD
Las patronales

Las fiestas patronales de Monte Plata siempre me han parecido coloridas y muy entretenidas. Recuerdo que la primera vez que asistí a una tenía uno 11 años y fui con mis primos de allá. Había muchas personas y parecía que todo el pueblo estaba en la calle principal observando la corrida de caballos, visitando los juegos mecánicos que llegaban, las carpas y sus productos y los “singulares” concursos y competencias que se realizaban.

Me acuerdo de la aparada de huevos, el salto en sacos, la carrera de sortijas y el palo encebado, estos dos últimos, entre los más esperados por los pequeños.

Lo primero que noté era que ponían un alambre de un extremo de la calle al otro, y se les colocaban muchos anillos que colgaban en toda la avenida sostenido por cintas.

Daba gusto ver a los briosos caballos y a sus intrépidos jinetes tratando de atrapar con sus pequeñas “figas” (un alambre fino que sostenían con una de sus manos) para atrapar la mayor cantidad de anillos.

En cuanto al palo encebado, ahí si es verdad que nos moríamos de la risa, ¡Cuántas dificultades pasaban los concursantes para poderse llevar el premio, que casi siempre era dinero, y que se colocaba en la cima del palo!

Cuando creías que uno de los competidores tenía todas las posibilidades de alzarse con la victoria, ¡zas! bajaba vertiginosamente al mismo lugar en donde comenzó. Aprendí que en este juego, el trabajo en equipo era vital, nadie podía llegar a la meta sin el apoyo de sus compañeros.

La última vez que asistí a una competencia de palo encebado, volví a rememorar esos días de mi niñez, pero esta vez a través de las sonrisas de mis hijos, que no pararon de reír ni un solo instante.

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