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EL BULEVAR DE LA VIDA

56 años: Toda una vida

  • 56 años: Toda una vida
Pablo Mckinney
pablomckinney@gmail.com

“... estaría contigo, no me importa en que forma
ni dónde, ni cómo pero junto a ti”. Osvaldo Farrés.

“EL PROBLEMA NO ES...” El asunto no está en saber lo evidente, lo que viene ocurriendo en el país desde hace 56 años, (30 mayo, 1961), ampliado y perfeccionado por cada gobierno que gobierno ha sido. La cuestión no consiste  en repetir hasta el hartazgo que los partidos políticos reciben financiamiento ilegal de lavadores y/o narcos, o colaboración legal de nuestros legales empresarios,  quienes ante la falta de institucionalidad se ven conminados a hacerlo, para salvarse del peligro de “no salir en la foto” del poder, de perder la posibilidad de vender y luego cobrar bienes o servicios al santo Estado, de recibir incentivos industriales o empresariales, prestamos francos que no siempre se pagan, exenciones impositivas, excepciones de puta madre y otros versos. No.

LA CORRUPCION COMO CULTURA Que en el país nacional cada gobierno haya creado “su” empresariado, sus ricos, o promovido de estatus a los que ya lo eran, es cosa conocida. Durante 56 años lo que ha cambiado aquí son los montos del delito y la desfachatez del premiado delincuente. Por eso, el asunto no es tan simple como saber que una empresa brasileña de apellido Odebrecht sobornó, sobrevaluó o “invirtió” dinero en las campañas de los principales partidos en los últimos procesos electorales. No. Y digo que no para, de inmediato, preguntar y preguntarles con franqueza, sin poses, mezquindad ni cínica desmemoria: ¿Es posible en este país ser empresario pequeño, mediano o alto sin “pasar por el tubo” de la “coima”, la dádiva, “macuteo”, o semanal, a supervisores y directivos de una buena parte de las agencias gubernamentales con algún poder legal para fastidiarle su actividad productiva en una finca con trabajadores indocumentados, un bar de una esquina, en una flotilla de vehículos, una papelería, una factoría. ¿Realmente, se puede? La corrupción en Dominicana es una cultura que hay que ir desmontando a partir de nuestra realidad y no de ataques de histeria e insultos innecesarios. Nada desprestigia más la lucha contra la corrupción que la difamación. Y de eso tenemos mucho y, como en el caso de la corrupción, con total impunidad. Ahora,  hablemos de Odebrecht como oportunidad.

EL ICEBERG BRASILEIRO Odebrecht es la punta de un iceberg que, por su procedencia, (los mares brasileños), y porque viene con admisión de culpa añadida y posibles responsables señalados, es nuestra gran oportunidad de frenar la rueda que desde hace 56 años viene rodando. Esta vez no hay forma ni manera de que las autoridades no actúen, si el expediente ha llegado y terminará de llegar medio resuelto, con acusados incluidos, ya dije, con declaraciones (o no) de impuestos, movimientos bancarios y otros versos, que por la DGII y la Superintendencia de Bancos es que prende la cosa. El asunto no es saber lo que ya se sabe, rizar el rizo tantas veces rizado, sino decidir si vamos a permitir y a propiciar que en 2020 -y como siempre ha ocurrido en los último 56 años-, venga otro grupo político con sus empresarios amigos a partirnos a todos el corazónÖ “como otras tantas veces”. Y me repito: la corrupción no es solo un delito, es también una terrible cultura y forma de vivir y hasta de sobrevivir.

SOR JOAQUIN CARDENAL SABINA. Cincuenta seis años son muchos años. Toda una vida. Ahí está la historia reciente de latrocinio creciente, tan generalizado como fantoche y exhibicionista. Tan triunfal y tan celebrado, que hemos llegado al peor de los escenarios posibles: aquel donde el problema no son los tantos corruptos (pequeños, medianos o grandes) sino los demasiados aspirantes a llegar a serlo, que dice don Pepín. Entonces, Danilo, Leonel, Hipólito, Luis, “las familias”, el CONEP y todas las iglesias (las de Lutero y la de Roma) tienen la palabra y el poder. Ojala y los muy señores míos elijan como mediador de este conflicto, no a mi dilecto monseñor Núñez Collado (austero y frugal) sino a sor Joaquín -Cardenal- Sabina para que, del brazo de la María Magdalena podamos orar y brindar porque en nuestro país el ser honesto no salga tan caro y ser corrupto no valga la pena. Cincuenta y seis años. “Toda un vida me estaría contigo...”. 

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