Puntos de vista 22 Enero 2007, 1:49 AM
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América a la izquierda
Ángel Lockward

La América endeudada de las décadas de los 70 y 80, sometida en medio de la Guerra Fría a dictaduras, en casi todos los casos logró sofocar las guerrillas y encauzar su camino hacia la democracia electoral de la mano del Consenso de Washington y sus políticas neoliberales que privatizaron las empresas y los servicios públicos y casi eliminaron los subsidios. Contrario a lo predicho, eso produjo más pobreza; la década perdida dio paso, en los últimos años, a un notable incremento en el PIB, pero con más desigualdad y, paradójicamente, a un colapso de los sistemas de partidos en varias naciones.Muchos autores, en particular Susan Stokes en Mandatos y democracia, consideran que los dirigentes políticos incumplieron sus promesas de campaña, lo que resulta inevitablemente cierto, debido a que los organismos multilaterales como organismos del Consenso de Washington, impusieron las políticas públicas y las decisiones dejando un margen muy estrecho a las ideas y programas partidarios.

Estados Unidos, desde Carter, impulsó la democratización hemisférica, pero luego la dejó sola y sin dinero. Sus ojos se fueron a Europa Oriental y al Medio Oriente; en ese lapso América, como todo el mundo, cambió. La democracia borró los grandes temas: jornadas laborales, igualdad jurídica independiente de raza o sexo, derecho a voto, incluso, los consabidos estribillos del patriotismo. Hasta las palabras imperialismo, transnacionales y otras desparecieron. La privatización las santificó como inversión extranjera.

En su lugar aparecieron: democracia social, medio ambiente, desigualdad, globalización y en muchos lugares, el tema campesino dio paso al de Pueblos indígenas, grupo que en la guerra fría era un apéndice del problema campesino. Como sostuviera Stiglizh, Premio Nobel y asesor de Clinton, el neoliberalismo dejó mucha frustración. América Latina  fue colocada en el último lugar de la agenda norteamericana, sólo con los temas: narcotráfico y migración. Ahora empieza a pagar por ello un alto precio.

Empezamos a pagarlo todos, con un retorno al populismo, un neopopulismo de izquierda, frente a conservadores, que nunca han sido buenos en la comunicación, arrinconados, con partidos políticos en desbandada; la izquierda en el poder, sin embargo, no toda se comporta igual, las hay aparentemente radical, con Chávez, Morales, Corea y Ortega y más en el sistema como Lula y Kisnerch a quienes parece que les irá mejor. Uribe jugando al solitario, y Leonel al equilibrista obligado.

La izquierda reparte muy bien los recursos ahorrados por los conservadores en todo el mundo y, como en España con Zapatero, pronto cae en popularidad.

Pero en esta ocasión, los gobiernos de izquierda pueden dilapidar a manos sueltas sin que eso haga mella porque dirigen países productores de petróleo; con esos excedentes, hasta el anacronismo del socialismo contrario a la propiedad privada se puede subsidiar, pero eso no es desarrollo, aunque los pueblos, momentáneamente, lo celebren.

América está entrando en una nueva crisis política y en un espacio de confrontación poco útil con los Estados Unidos, en un momento en que el liderazgo de esa nación luce deteriorado, poco firme y nada creíble, embarcado en una intervención costosa y sin utilidad política o económica en Irak de la que no sabe cómo salir.

Las políticas públicas de algunos gobiernos y los anuncios que las anteceden, provocarán en el continente deterioro económico, reducción en el flujo de inversiones desde Europa y USA e inestabilidad política en los gobiernos y, cuando menos en un caso, una semi dictadura.

Naciones como Bolivia, Perú, Ecuador y otras, con los indígenas, ahora organizados y en control del poder político y, el resto de la población, insatisfechos como estarán en el corto plazo, serán fuentes de disturbios permanentes. América Latina ha empezado el siglo XXI con grandes desafíos de estabilidad, al quemar sus últimas esperanzas en la flama de la izquierda más demagógica en un mundo en donde la eficacia es imprescindible.

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