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La Vida martes, 21 de marzo de 2017
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PSICOLOGÍA

¿Estancado por procrastinar?

Los teléfonos inteligentes y el acceso permanente a la Internet agravan el problema, pero el hábito de aplazar obligaciones siempre ha existido.

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Jaclin Campos
jaclin.campos@listindiario.com
Santo Domingo

Si das mil vueltas antes de comenzar una tarea y esgrimes mil excusas con tal de no poner manos a la obra, muchas personas se sentirán identificadas contigo.

Son quienes, como tú, tienden a la procrastinación, esa costumbre de aplazar las tareas o, dicho de otro modo, dejarlo todo para más tarde.

La proliferación de teléfonos inteligentes, el acceso permanente a la Internet y las redes sociales tienen parte de la culpa hoy, opina la psicóloga Alma Portorreal.

“Se lo hemos puesto comodísimo al que quiere estar de ocioso, por decirlo de alguna manera”, comenta.

Sin embargo, la tendencia a “barajar” es más antigua que cualquiera de estas tecnologías, y quienes carecen de la determinación para acometer una tarea sin dilación siempre han tenido alguna excusa tras la cual escudarse. Por algo durante mucho tiempo los estudiantes se han burlado de sí mismos al llamarse “estudia-después” y ciudadanos de todos los estratos sociales repiten casi como un axioma que el dominicano deja todo para última hora.

Detrás de este mal hábito, que te lleva a la improductividad y la frustración, se encuentra la tendencia natural del ser humano de poner una recompesa inmediata por encima de los resultados a largo plazo.

¿Cómo nos afecta el posponer aquello a lo que deberíamos dar prioridad? ¿Es un problema únicamente de trabajadores y estudiantes? La psicóloga responde.

El ‘arte’ de dejarlo todo para después
La posposición de responsabilidades y tareas importantes puede ser, en algunas ocasiones, síntoma de un problema más profundo.

De nada parecen valer los muchos dichos que al respecto ha alumbrado la sabiduría popular. Que digan que el tiempo es oro, que plátano maduro no vuelve a verde, o que no se debe dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, no hace efecto sobre personas que lo dejan todo para después.

Pero la tendencia a posponer las tareas pendientes no se limita al ámbito laboral. La psicóloga Alma Portorreal dice que muchas personas evaden actividades prioritarias o dejan de atender situaciones cruciales para su crecimiento personal.

“Eso afecta todas las áreas de la vida”, expresa la terapeuta. “Tú no solamente tienes un comportamiento en el trabajo. Lo familiar, social y sentimental también se ve afectado”.

Este trastorno del comportamiento se presenta cuando el individuo asocia la actividad que tiene por delante con incomodidad, dolor, sacrificio o estrés.

Puede tratarse de un esfuerzo físico que amerite sacrificio o de un esfuerzo intelectual que demande concentración. “Hay muchos estudiantes que se quedan en la tesis porque tienen que hacer un esfuerzo intelectual extra”, comenta Portorreal.

En caso de una tarea obligatoria, la persona tendrá que cumplirla a contrarreloj (bajo presión y con el riesgo de completarla mal).

En cambio, si es una situación personal que deba resolver pero no enfrenta porque carece de fuerzas para ello, el individuo sufrirá la ansiedad de tener algo pendiente. Además, queda la frustración de permanecer en un estancamiento.

¿Deberías pedirle a alguien que te dé soporte y seguimiento constante? “Yo recibo pacientes que la familia me los manda para que yo los ‘jompee’ como los carros cuando no quieren prender”, comenta Portorreal, quien, no obstante, considera que un adulto debe aprender a establecer y cumplir sus prioridades sin seguimiento de otros.

A menos que haya un problema de base...

Otros problemas
Portorreal advierte que la posposición de responsabilidades y tareas importantes puede ser, en algunos casos, síntoma de un problema más profundo como depresión o déficit de atención.

“Ya la persona no tiene energía ni fuerza para hacer lo que tiene que hacer porque padece uno de esos trastornos”, explica la especialista en la conducta.

¿Cómo establecer la diferencia? Si una persona es muy activa y de repente comienza a dejar a un lado aquello que se considera importante, podría estar atravesando por un proceso depresivo.

Portorreal recuerda que uno de los síntomas que identifican la depresión es la falta de ánimo y que este tipo de casos amerita atención y terapia psicológica.

La posposición constante de las obligaciones podría asociarse en ocasiones con alguna adicción, entendiendo esta no necesariamente como la dependencia de sustancias, sino a cualquier actividad que altere la vida normal de la persona (a la televisión, al juego, al celular, entre otros).

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