La pluma empezó con los trogloditas como un abrigo suave que resguardaba del frío. Siguió con los indígenas, quienes la usaron para dejar sus castas a la vista.
Más tarde, pasó por Europa a tejer en detalles la sensualidad de los años 30. Distintiva o protectora, la pluma siempre encuentra una manera de escabullirse. Innovadora y puntual, deja un sello camaleónico en los diseños que hace del suyo un menester perpetuo dentro de la historia.
Hoy impera un estilo desenfadado e informal que busca con ‘lo práctico’ una prenda que pueda ajustarse a la ocasión sin contratiempos; y para esto, sobran plumas.
Las naturales de avestruz o codorniz dan terminaciones exóticas. Las sintéticas, más coquetas, son teñidas para jugar con los colores de temporada.
Las plumas en colores neutrales se ajustan más a cocteles mientras que en los llamativos, reciben el visto bueno en actividades casuales y diurnas. Luisa Inés Genao Morillo, profesora en el Instituto Técnico Superior Mercy Jácquez, aconseja alejarse del amarillo pues el color “da a pollito por todos lados”.
Estrategia
Cuando se acuña esta vanguardia es porque se quiere llamar la atención pero sin llegar a parecer un Abelardo de Plaza Sésamo.
Una tendencia atrevida como la pluma fluye mejor en detalles. Aretes, sombreros, cintillos y clips para el pelo; sandalias con pedrería y collares con hoja de metal son preferidos. Al lucir alguna de estas opciones, ropas lisas dan un acabado definido.
Eso significa nada de estampados fuertes. Como dice Aisha Peña Disla, publicista y escritora del blog ‘Ella es fashion’, “tampoco queremos llamar al zoológico”.
Recoger el cabello en un moño y dejar al accesorio su espacio atraerá las miradas. Revolotearlo y darle volumen para que la pluma se confunda en la melena, también. “Para agregar tocados en el pelo o avivar un atuendo de colores tierra, la pluma es perfecta”, dice la profesora Genao.
Cuidado
Algunas recomendaciones que da la profesora para cuidar la pluma son lavar a mano, secar al aire libre y pasar suavemente un cepillo para que ésta no pierda su caída.
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BALANCE: CON LAS PLUMAS, MENOS ES MÁS
Como en cualquier otra moda, al elegir atuendos con plumas se debe pensar en cuál es la silueta que conviene según las medidas que se posean.
A una persona con el cuello corto, por ejemplo, no le favorecen los aretes de plumas largas pues la línea de la garganta se pierde.
A las mujeres de curvas pronunciadas, les irá bien con un top de plumas y una pieza de buen corte; a las flaquitas, con una falda corta de acabados plumíferos y un top ceñido. Las blusas asimétricas emplumadas quedarán bien en todas.
Moda masculina
En los hombres, las plumas son un tema delicado. Si desea correr el riesgo, opte por un sombrero de plumas al costado. Tanto Genao como Peña concuerdan en que el hombre que se ponga un accesorio emplumado tiene que ser “muy osado”.