Hablar con niños y jóvenes en la época actual es un reto que requiere una maestría en motivación y otra en conseguir atención, por lo que cada vez menos se establece un diálogo formal entre padres e hijos. Actualmente estas conversaciones se reducen a preguntas que hacen los mayores, y respuestas monosilábicas que por salir del paso contestan los menores, pues mientras los interpelamos, ellos están pendientes de las llamadas y mensajes que llegan a su celular, a su iPod, y demás “yerbas”.
Para ellos cada día sabemos menos, si es que no nos metemos en su mundo tecnológico, cibernético y virtual para poder hablar medianamente el mismo idioma, aunque por más que lo intentemos, no los alcanzamos.
De todas formas, si somos lo suficientemente bravos, insistentes y metódicos, debemos, así como hacemos citas con nuestros médicos y abogados, hacer cita con nuestros hijos para por lo menos dos veces al mes tener con ellos una conversación que genere confianza y permita la compenetración. Para hacer más efectiva la comunicación, me permito sugerirle algunos “tips”, que se resumen en: escuche, observe y responda.
Escuche: preste atención, no interrumpa, no prepare lo que va a contestar mientras el otro esté hablando, no salte a conclusiones, y reserve su juicio y respuesta hasta el final.
Observe: esté atento al lenguaje corporal y la expresión facial. Si está incómodo, mira el reloj, tamborilea con los dedos, mueve un pie, etc., o si por el contrario parece relajado, sonríe, mira a los ojos, asiente con la cabeza, etc.
Responda: evite expresiones como “Cuando yo tenía tu edadÖ”, “Si yo fuera túÖ”, “DeberíasÖ”. No ofrezca consejo como respuesta, especialmente si no lo piden, ayúdelos en cambio a llegar por ellos mismos a conclusiones a través de preguntas inteligentes. Si su hijo dice algo que usted no quiere oír, no lo ignore, pídale su opinión para que las cosas mejoren, pues hacernos los bobos a veces ayuda.