SANTO DOMINGO.- El cine se ha convertido en pocos años en una actividad normal en nuestro país y si el 2006 fue prolífico en producciones el presente año promete ser más abundante en cuanto a cintas se refiere.
Tres de los responsables de esos proyectos, Etzel Báez (“Crimen”), Robert Cornelio (“Enigma”) y José Enrique Pintor (“Sanky Panky”) hablaron con periodistas de este diario sobre su oficio con los problemas que conllevan ser pioneros.
Con un auge tan grande como el que ha experimentado el llamado séptimo arte en nuestra tierra y en el que cada vez más gente incursiona, aún no estamos en condiciones de hablar de un cine que hable en el idioma de los dominicanos.
“Aunque han habido buenos intentos cómo “Nuebayol”, estamos en la búsqueda de esa identidad”, comenta Cornelio, cuya ópera prima, “Enigma”, será estrenada este año. Pinky, que ya tuvo una buena experiencia con “La cárcel de la Victoria” y que el próximo febrero ataca con “Sanky Panky”, dice que “en general en nuestro cine nos faltan historias que estén arraigadas a nuestra cultura”.
Muchas de las cintas que fallan en cuanto a su puesta escena y el uso del lenguaje audiovisual, obliga a preguntar si no será que los cineastas del patio desconocen las formas de contar de buena manera una historia con imágenes en movimiento y sonido. “En términos generales todo el que está haciendo cine domina el lenguaje; es como dominar el baile en la cabeza, sé quién baila bien y quién no, pero cuando me meto a bailar no mesalen bien los pasos”, afirma Etzel Báez, quien llevará el tema de las Hermanas Mirabal a la pantalla teniendo como uno de los productores a Leandro Guzmán, viudo de María Teresa Mirabal.
¿Dónde está la plata? La inversión en un filme representa un verdadero riesgo para los empresarios dado lo costoso que es realizarlo cuando no existe nada que pueda asegurar su éxito en la taquilla. Lo que significa que conseguir presupuesto es para decirlo cinematográficamente, una misión imposible. ”Es el doble de difícil si no eres una persona conocida, del medio”, confiesa Pinky, quien tuvo la suerte de que en las dos ocasiones que buscaba productores ejecutivos para sus filmes a la primera, le dijeron que sí, pero agrega que “eso no suele pasar nunca, eso no es un parámetro, es súper difícil”.
Cornelio no tuvo igual suerte y para la realización de su filme hasta su casa hipotecó. Esto muestra el riesgo que corren estos héroes de la imagen que luchan por llevar sus sueños a las pantallas de los cines cuando aún el estado no tiene las bases para protegerlos en caso de que fallen. “Hay que recalcar que en este trabajo colectivo estamos solos, ustedes están terminando su película y no tienen nada que los proteja, no hay seguro”, alega Báez, y reclama que el Gobierno y las empresas privadas deberían ayudar este arte ya que sirve de promoción al país y genera un gran número de empleos produciendo mucho dinero en poco tiempo.
“Sanky Panky, donde vaya, será la que más promoverá el turismo dominicano de todas las que se han hecho hasta el momento. ¿Cuánto dio la Secretaría de Turismo?, nada”, dice Pinky para ilustrar. A pesar de que aún no está en vigencia la ley de cine, Cornelio recordó el interés del presidente Fernández en el avance del cine hecho aquí. “Él nos invitó y nos dijo: ¿qué es lo que quieren? Pidan nosotros estamos con las puertas abiertas”, dijo el director de “Enigma” acerca del encuentro con el mandatario. El inicio de la cacareada industria del cine no será realidad hasta que se definan las reglas del juego y existan leyes que rijan las filmaciones.
Como todo arte que se desarrolla en República Dominicana, el cine ha de ser una imagen nuestra que nos identifique como nación. Este grupo de hombres está dedicado a sentar las bases de lo que será la filmografía nacional, pieza muy importante en la proyección cultural. “Hacer una cinematografía es valorizar nuestra cultura, que es lo único que nos identifica como dominicanos”, comenta Báez.